Vuelvo a rescatar este texto, escrito hace un par de años…no dejo de pensar en este niño y de preguntarme como estará hoy…

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Estoy de vacaciones en una pequeña ciudad de Italia en pleno agosto, paseando por un bellísimo parque, disfrutando de la sombra de sus árboles milenarios. De repente el llanto de un bebé rompe el silencio de la naturaleza…en dirección contraria se está acercando -con andadura pausada- una señora pequeña, de pelo negro recogido en una larga trenza, cara cetrina y mirada apagada, en las que aprecio evidentes rasgos aimaras. Empuja un cochecito último modelo en el que un bebé de pocos meses se retuerce, agitándose en chillidos desesperados. A medida que se acercan noto que –a pesar del calor- el bebé lleva unas llamativas manoplas que no le impiden frotarse la carita…no hace falta ser dermatólogo para darse cuenta que le atormenta un brote agudo de Dermatitis Atópica que cubre cada centímetro cuadrado de la piel que el trajecito muy fashion deja a duras penas respirar. Me quedo observándole durante unos segundos, miro a la mujer, pero sus ojos no se cruzan con los míos…a pocos pasos detrás de la señora con el bebé pasea una pareja mano en la mano ¿van juntos? Les miro. Me miran con sorpresa, insistencia, ¿incomodidad?…noto su mirada fija…me (re)conocen…¿Les conozco?

De repente se me enciende la lamparita (soy una pésima fisonomista!): Mario y Alberto[1] ! Son los padres del bebé que llora…?!?
¡Ostras, que pequeño es el mundo!
Nos quedamos los tres boquiabiertos, con la lengua semi-paralizada…yo me esfuerzo por parecer lo más natural que me permite mi estupor y pregunto patidifusa si es su bebé…como está, como llevan su recién estrenada paternidad…
Los neo-papás me contestan entrecortados, pero con cortesía “si…todo bien…bueno, no hace más que llorar…salió con este problema de la piel, ya ves…”. Les noto tensos, molestos y me limito a un “Imagino que para él no debe ser fácil”. Se me cierra la garganta. Mario replica en tono sarcástico “Ya ni te digo lo que está siendo todo esto para nosotros! Un infierno en toda regla: no dormimos, estamos agotados…es un niño que no duerme nunca, llora todo el día y toda la noche, no deja de rasgarse, está lleno de heridas…es horrible! Y todo esto ya a los pocos días de traerlo de Estados Unidos!”. No puedo reprimir la pregunta que me atormenta: “Al fin, como nació?”. Mario me contesta con tono sostenido y algo aliviado “Finalmente logramos que saliera por cesárea programada y así pudimos coincidir los dos (Mario y Alberto) en el parto!”. El nudo ya duele en mi garganta y se me encoge el corazón en un puño. Callo. Cruzo entonces una mirada fugaz con “la señora del cochecito”…sus ojos negros y apagados perciben claramente como los míos se vuelven rojos y húmedos, mi mirada borrosa…

Hace poco más de un año recibo la llamada de un conocido que me pone en contacto con un ginecólogo, el cual solicita con cierta urgencia un servicio de traducción. Por la peculiaridad de la combinación de idiomas llegan a mí… ignorando mi firme compromiso profesional con la Salud Primal y la Salud Femenina (que no de intérprete).
En una previa y breve conversación telefónica con el ginecólogo intento informarme acerca de la temática del encuentro para así prepararme lo mejor posible cara a la cita…a pesar de todo no me queda nada claro: “Es una consulta peculiar para una pareja un tanto especial”. Esto me dice el Doctor; y con la duda me quedo.

La mañana siguiente me presento puntual a su consulta y noto que, más puntual aún, había llegado la pareja de clientes. Esperaban un tanto nerviosos tras el portal aún cerrado del lujoso edificio en el que nos recibiría en breve el Ginecólogo con una amplia sonrisa y la más amable de las bienvenidas. Mario entra a la consulta precedido por el médico, quien me invita a seguirles. Alberto se queda esperando en la salita adyacente (entrará más tarde).
En breves instantes empezará la que me queda grabada como una de las peores películas de horror de la que me siento una incrédula e impotente espectadora.

Mario y Alberto están “quemando el último cartucho” de su ansiada búsqueda de paternidad. Por fin parecen haber llegado a la persona con los contactos correctos y una vasta experiencia en materia. Están frente al Hombre que puede hacer realidad su sueño: un hijo biológico, un varón.
Por mi gran sorpresa e indignación no se desgasta ni media palabra acerca de la motivación de paternidad de los futuros padres a lo largo de las dos horas que demora la reunión con el profesional-consultor.

La solución al “problema” de Mario y Alberto está en Estados Unidos.
Agarrada de mi capacidad de abstracción y de la experiencia de aquella estudiante que se ganó la vida traduciendo, me “hago canal vacío” entre dos interlocutores que discuten en un tono frío, calculador y casi mecánico los más minuciosos detalles de los términos de un contrato de “fabricación y entrega” (perdón, no puedo verlo de otra manera) de un bebé varón.
Mario donará su semen, de manera que será legalmente el padre biológico de su futuro hijo, quien podrá engendrarse gracias a dos mujeres exquisitamente seleccionadas en sus características bio-psico-sociales (hasta en la pertenencia étnica!) y que cumplen con el requisito de “madres de familia sin deseo de más maternidades, de clase media, en salud y con empleo fijo” (?): una mujer donante de óvulos y una mujer que pone a disposición su vientre, cuerpo y tiempo para gestar y dar a luz al futuro bebé, del cual se compromete por escrito a separarse inmediatamente tras el parto para evitar cualquier posibilidad de establecer con él un vinculo afectivo. Asimismo se prescinde de eventuales intentos de amamantamiento durante las primeras horas de vida del recién nacido (con la clara intención de reducir considerablemente cualquier posibilidad de “arrepentimiento” por parte de la mujer contratada).

Ambas mujeres se comprometerán a firmar -previa FIV- un contrato con muchas condiciones que regularán, entre otras cosas, los términos y número de intentos de FIV y embarazo en caso de aborto(s) espontáneo(s), así como los aspectos legales de renuncia de maternidad. Las dos mujeres en cuestión podrán ser elegidas por catálogo y luego pasar por un proceso de selección a través de un encuentro-entrevista con los futuros padres (a los cuales tendrán que parecer lo suficientemente sanas, inteligentes, guapas, idóneas, etc.).

Pagando suplementos entre 3000 y 5000 USD será posible seleccionar exclusivamente embriones masculinos, eliminando por lo tanto -previa implantación in útero- los embriones femeninos mediante sofisticadas técnicas de selección de embriones (DGP)[2] cuya fiabilidad alcanza el 100%. De acuerdo a sus posibilidades económicas, los futuros padres tendrán además la posibilidad de elegir la alimentación (biológica, macrobiótica, ovo-lacto-vegetariana etc.) de la gestante, el ejercicio físico y el cuidado deseado durante el embarazo (con un atractivo abanico de opciones: desde el yoga hasta la preparación en agua pasando por sesiones de musicoterapia “para fomentar la inteligencia” del futuro retoño…(y así tener la ilusión de contrarrestar la falta de hormonas fisiológicas propias de una concepción, gestación y nacimiento fisiológicos?!?).

A los futuros padres se les facilitará el seguimiento del embarazo mediante sesiones regulares de chat, visitas presenciales y, previo abono del correspondiente suplemento, vivir la emocionante experiencia de ver nacer a su bebé (con poder de decisión acerca del tipo de parto, por lo tanto de la calidad de su nacimiento).

Gracias a la labor de una eficiente red de abogados, médicos y otros profesionales se llevarán a cabo todos los trámites legales y los papás recibirán tan solo diez días después del nacimiento del bebé toda la documentación para el más confortable viaje a “casa”, pasaporte y billete de avión incluidos.
En este caso particular se trataría de un niño con dos papás y dos mamás (en total tres padres biológicos); un niño programado para ser privado del amor materno, del más nutricio alimento biológico y emocional y, como si no fuera suficiente la falta de consideración por la vida humana, privado por contrato y desde antes de nacer de la posibilidad de conocer algún día a la mujer que le abrigó en su vientre…

Esto hoy es posible y legal en países supuestamente desarrollados.
Me pregunto que será del género humano que sigue prestándose a estar al servicio de la ciencia… Me inquieta especialmente la falta de estudios serios acerca de las consecuencias de las actuales técnicas de (re)producción asistida, que producen seres humanos procedentes de tres (¿o más?) «progenitores». ¿Y cómo asumirá este bebé en su adultez de mañana sus raíces y su biografía? ¿Cómo (se) sentirá esta mujer ahora o dentro de 20 años? ¿Cuáles serán las (para mi) misteriosas razones que llevan a una mujer (supuestamente sana, con familia y empleo fijo!?!) a gestar un bebé del cual es consciente que se separará nada más darle la vida? ¿Alguien pensó durante tan solo unos instantes en estos destinos humanos?

Como psicóloga comprometida con la Salud Primal me pregunto ¿que garantías de salud podemos dar a estos niños y adultos de mañana? ¿Y que esperanza y calidad de vida? Me preocupa como mujer y como madre la motivación de las mujeres a contribuir a esta locura legalmente y socialmente aceptada…Me cuestiono acerca de la responsabilidad de la mujer como pieza fundamental en los planes de reproducción humana…siento la necesidad de rescatar la sabiduría y el poder endógeno del género femenino, recordarnos a las mujeres el rol que vamos asumiendo con nuestras elecciones con respeto al futuro de la humanidad.
El cuerpo femenino está perfectamente diseñado para gestar, parir y nutrir a un bebé! El milagro de la vida humana es femenino, es salud, sabiduría y poder que durante siglos nos hemos dejado arrebatar y pisotear, que han sido objeto de curiosidad, incomprensión, intrusismo, envidias, castigos… Aún la ciencia elige no prescindir de nuestros cuerpos para engendrar la vida humana y hoy en día nos compra, reduciéndonos a “contenedores”, máquinas programables y productoras de bebés a la carta para el comprador más caprichoso.

Siento la necesidad de compartir mi inquietud, mis dudas, mi indignación…la profunda tristeza que sentí al ver este bebé (emocionalmente) abandonado, cuya piel grita y lamenta calor humano, un cuerpo y un alma que añoran el piel con piel y el fluir de la leche materna, poniendo en evidencia la grave perturbación de la calidad de relación y vínculo, así como la Medicina Psicosomática nos señala desde hace décadas[3] .

Siento la urgencia de compartir mi necesidad de una reflexión femenina a nivel global acerca de nuestro rol y responsabilidades en la planificación, medicalización y corrupción de nuestra vida sexual y reproductiva que se llevan a cabo “tan naturalmente” en nombre de la Medicina y de la Ciencia a lo largo de toda la vida de la mujer y en cada una de sus etapas evolutivas. Creo firmemente imprescindible un claro cambio de actitud de las mujeres con respeto a esta situación que nos atañe directamente, como resultado y maduración de una profunda toma de conciencia en los temas relacionados con la promoción y el mantenimiento de nuestra salud y la de las futuras generaciones.


[1] Los nombres y detalles personales fueron modificados con el fin de garantizar confidencialidad a las personas citadas en este escrito.

[3] Panconesi E. (2000): Psychosomatic dermatology: past and future. International Journal of Dermatology; 39: 732-734.