Las matronas y la ginecóloga vigilaron en cada momento el bienestar del bebé, el latido de su corazón, manteniendo una -como mínimo- aparente serenidad.

Soila había dado indicaciones muy claras sobre lo que podría ayudarla a estar presente y “conectada”, incluso en caso de sufrir un episodio de disociación. Necesitaba sentirse segura y partícipe en todo momento de cada decisión que fuera necesario tomar.

Tras algunas bradicardias del bebé Soila notó un movimiento fuerte y repentino en su vientre. “Algo ha cambiado” dijo con cierta preocupación “Lior ha dado un vuelco!”. La matrona le pidió permiso para tastar su vientre. El bebé parecía haber cambiado de posición en el útero. De una posición cefálica se había dado la vuelta y ahora estaba sentado. Como se pudo confirmar por el monitor, seguía manifestando sufrimiento.

¿Qué estaba queriendo decir el bebé?

Tras esperar un tiempo prudencial, las profesionales anunciaron a los futuros padres que era recomendable no esperar más. Se tornaba necesario realizar una cesárea. Soila entendió que su bebé estaba decidiendo y accedió a la recomendación de la ginecóloga. En quirófano se tomaron todas las precauciones para que la madre pudiera sentirse tranquila, presente y partícipe en cada momento del nacimiento de su primer hijo.

El padre estuvo presente sosteniendo a su pareja, también en quirófano. Es lo que tienen los protocolos hospitalarios…que no son de obligado cumplimiento, ni para las y los usuarios, ni para el personal. Mamá y papá recibieron a Lior, emocionados, aliviados, sorprendidos, dándole la bienvenida a la vida fuera del útero materno. La mejor bienvenida posible, de acuerdo con las circunstancias en las que decidió venir al mundo.

Una vez en el pecho de su madre, Lior empezó a olerla y a buscar el pezón para mamar inmediatamente. Soila le miraba, sintiendo que no había vuelta atrás, que se estaba entregando a él, al Amor incondicional y a su recién estrenada maternidad.

© Bryan & Cherry Alexander Photography

© Bryan & Cherry Alexander Photography

Cuando, unas semanas más tarde, Soila vino a verme para compartir su experiencia y el relato del nacimiento de su hijo, la vi radiante y feliz. Se sentía satisfecha por como había transcurrido todo. En el hospital se había sentido respetada en todo momento. Ahora sabía que si podía parir, que su cuerpo era capaz de abrirse para dar a luz! No, no es una paradoja: vivió todo el trabajo de parto de forma completamente consciente, sintiéndose, sintiendo como su cuerpo se abría, como su bebé descendía y como…»cambió de planes»! Lior había decidido cuando nacer. Y Soila sabía, en el fondo, que su bebé había decidido también como llegar al mundo. Llegó a la conclusión de que el mensaje que ella había transmitido durante los ocho primeros meses de gestación a su bebé, sus miedos, sus creencias, su deseo y necesidad de que él naciera por vía abdominal, habían sido “bien captados e integrados” por Lior, quien tan solo se buscó la manera de traducirlos a la realidad.

Ella así lo entendió y lo aceptó, con respeto y con Amor.