Mi hijo de siete años explicaba a sus compañeros de clase que venía de otro planeta: el Planeta de Papel.

Antes de llegar al vientre de mamá -cuenta mi hijo con lujo de detalles- vivía en un planeta pequeño y blanco, un planeta hecho de papel, donde toooodo era de papel: la tierra, los árboles, las flores, las casas, los coches, la «pasta con brócoli» que tanto le gusta, los juguetes, los niños… No había adultos en «su planeta». Solo había niños… Él también era de papel y, al igual que ahora, tenía su característica coletilla de pelo enredado descendiendo por el lado izquierdo de su nuca. La coletilla -por supuesto- también era de papel.

Lo único que no era de papel en su planeta eran…¡las tijeras!

Allí jugaban las niñas y niños todo el día y se lo pasaban bomba: podían jugar al ajedrez de papel, ir en bicicleta o patines de papel, recortar figuritas y pintarlas con rotuladores de papel (que siempre eran solo blancos?!) y no había horarios fijos para comer o dormir. Cada niña y niño podía comer y dormir o lavarse los dientes con el cepillo de dientes de papel cuando se le daba la gana. Los niños tenían aventuras de lo más divertido, hasta que se cansaban y se asomaban al horizonte para ver si, en algún planeta vecino, podían encontrar a una mamá  y finalmente despedirse de sus compañeros para empezar una nueva vida.

Así fue que mi hijo, un buen día, se asomó a «su horizonte» y cuenta que me vio a mi, en el planeta Tierra. Y cuenta que me miraba y me miraba y sentía mucho amor y emoción en su corazón. Fue así que decidió volar hasta la Tierra y habitar mi vientre, donde asegura que estaba muy a gusto y donde descubrió un mundo nuevo, un mundo en colores. Explica que me eligió a mi porque sintió que yo era «la mejor mamá del mundo mundial» (tendremos que ver durante cuanto tiempo aún se lo cuenta y se lo cree…). Y entonces mi hijo nació. Y por todo ello -dice- vive ahora en nuestro planeta.

"Lo esencial es invisible a los ojos" - A. Saint-Exupéry

«Lo esencial es invisible a los ojos» – A. Saint-Exupéry

La historia del Planeta de Papel surgió unos meses después de que terminamos de leer «El Principito» de Antoine Saint-Exupéry y se convirtió en su historia. Durante más de una semana fui leyéndole en voz alta capítulo tras capítulo, una obra que también mi madre me leyó en su día, cada noche antes de dormir. Cada noche era como meterse en un túnel de poesía y amor, entrar en un lenguaje a-temporal de fantasía y de miradas puras, mágicas y certeras de niño.

Este librito viajó conmigo durante toda mi vida, en cada maleta, en cada caja de mudanza, hasta que sus páginas amarillentas – con trazas de chocolate que me delatan tan descaradamente- y con olor a infancia, llegaron a los dedos y al corazón de mi hijo. Quiero festejar su autor, Saint-Ex, como le llamaban los amigos y celebrar hoy el 70º cumpleaños de su Principito, que es también un poco mío, un poco de mi hijo y nuestro, un poco de todas y todos los niñas y niños, adultas y adultos que lo hemos leído y amado, en cada una de las 110 lenguas en las que ha sido traducido.

También gracias al Principito es que mi hijo logra soñar con los ojos abiertos.

Sabiendo que está soñando, por tranquilidad de aquellos adultos que temen que no aterrice nunca a la Tierra (!).

Pero…si ya aterrizó hace más de ocho años!?!

¡Venía del Planeta de Papel!