Cuando hemos estado muy cerca de nuestra muerte, cuando le hemos visto la cara en más de una (?) ocasión, cuando en pocos segundos hemos repasado en la “pantalla imaginaria de nuestra mente” todos los fotogramas de los momentos más relevantes de nuestras vidas a la velocidad de la luz, cuando ya nos hemos despedido de este mundo y de todo el mundo en el silencio sombrío de nuestro corazón y en la confusa neblina de nuestra mente…y finalmente la vida nos vuelve a tender la mano para llevarnos una vez más con ella…entonces son muchas las cosas que cambian en nuestro Ser.

Cambia nuestra mente, nuestro cerebro, nuestros ciclos y el baile hormonal, la manera de ver y de vivir la vida, de sentir, de oler, de amar y de estar al mundo.

Cuando todo esto pasa y la vida nos pone a prueba más de una vez, es posible que nos regale (¿paradójica compensación?) una poderosa herramienta, la disociación adaptativa.

Disocio: estoy, pero esto no va conmigo.

Estoy, pero sin emoción.

Estoy, con la mente distanciada.

Nuestro cerebro entra en una modalidad de emergencia, al mismo tiempo que la sensación se podría describir como “modo ahorro energético” o, en casos extremos, “modo off”. Logramos mantener un estado de “calma aparente”, no perdernos en el pánico y -en ocasiones- hasta a conectar con el placer, el éxtasis. Si, no es broma. Citando a Rita Carter en su obra “Multiplicidad: la nueva ciencia de la personalidad”:

Quizás, pues, la “modalidad de existencia disociada” no sea más que una demostración de nuestra sorprendente capacidad para reconfigurar nuestro paisaje interno y adaptarlo al terreno en el que nos encontramos.

Ayer por la noche, vuelo UX6079, volviendo de una hermosa, intensa y satisfactoria estancia en Madrid, vi la muerte a pocos metros del suelo, dibujada en la pista del aeropuerto de Palma de Mallorca.

airberlin-coop

http://www.abc-mallorca.com/airberlin-collabortion-air-france-klm/

Faltaban pocos segundos -por mis cálculos de simple frequent flyer de 3 a 5- para tocar tierra. Y el avión subió de repente, en un angulo que mi estómago registró en casi-90-grados, recuperando altura a todo motor y apagando las luces entre gritos de pánico y chillidos de adultos, llantos de niños y bebés y algún desvanecimiento. Quince eternos minutos volando aparentemente sin rumbo, en círculo, sobre la isla de Mallorca, mientras el cielo rojo se fue oscureciendo, trayendo consigo la duda, la incertidumbre, el terror, el sudor frío y los silencios espesos,  interrumpidos por el llanto de algún bebé que debía sentir en su alma pura y sensible la tensión en el aire…Luego, como por milagro, la voz casi angelical del comandante “Estamos esperando que nos vuelvan a dar el ok para aterrizar en Palma de Mallorca. En el primer intento tuvimos un ángulo demasiado agudo que hizo desestabilizar la aeronave, por lo que tuvimos que realizar una maniobra de seguridad”.

Seguí leyendo, dejándome atrapar (¡aún más!) por la ironía brillante y audaz de Caitlin Moran, levantando pocas veces los ojos de las páginas de Como ser mujer, sintiendo en mis entraña la vieja conocida burla de la muerte. ¿Como podía ser que esta vez me sorprendiera leyendo el último best seller feminista del siglo XXI y en un avión? Una muerte tonta -pensé- pero con dignidad, aunque me joda enormemente dejar a mi hijo sin madre…! Pocos y rapidísimos pensamientos, para luego volver a “la burbuja de la Nada”, entregándome a la vida-muerte y su voluntad. Me lo conozco – pienso.

Gracias, una vez más, a la vida (y al piloto, aunque al bajarme del avión no pude evitar acuchillarle con la mirada) que me condujo a poder volver a abrazar en poco menos de media hora a mi hijo y mi marido, con todo el amor y con los pies nuevamente y completamente en la Tierra. Cosas curiosas que me pasan en esta vida…

Nota para los navegantes expertos en Salud Mental: no estoy delirando, ni me encuentro bajo shock. Estoy elaborando serenamente, agradecida.