El derecho a un parto digno y respetado

Parir es un acto de amor

Curiosamente, antes de ser madre, siempre pensé que la mujer -y especialmente la futura madre- tendría tanto el derecho como la suficiente intuición como para decidir libremente -según sus preferencias, posibilidades y necesidades- acerca del cómo, dónde y en compañía de quién dar a luz a sus hijos. Esta creencia radicaba en la idea de que cada mujer es dueña de su cuerpo, de sus genitales y, por lo tanto, libre de vivir el acto de creación más extraordinario de su existencia de la forma más acorde a su naturaleza.

Antes de dedicarme a lo que hoy en día los expertos denominan el ámbito de la psicología perinatal y de la maternidad pensaba, ingenuamente, que una mujer sana cuyo embarazo había transcurrido de forma sana y genuina, es decir, sin ningún tipo de patología sea física o mental, podría parir de forma normal, acompañada por una sabia matrona, así como vine al mundo yo y millones de otros bebés en la historia del género humano. Esta segunda creencia radicaba en la idea de que el cuerpo femenino está especialmente diseñado para abrigar, alimentar y fortalecer al feto durante aproximadamente nueve meses para finalmente abrirse, dando la vida a un nuevo ser, en un acto de infinito amor.

Naturalmente, siempre fui consciente de que, gracias a los avances de la medicina moderna y a la presencia de médicos especializados, se podría hacer frente a gestaciones o partos difíciles, cuyos desenlaces o complicaciones podrían perjudicar seriamente la salud de la madre o del bebé.

Sin embargo, ignoraba que alrededor del 40% de las parturientas en la España de nuestros días se vería privada de gozar de una experiencia tan excepcional y única en su vida sexual como lo es la de un parto, por ser intervenida por cesárea a la hora de dar a luz, cuando la Organización Mundial de la salud recomienda que la tasa de cesáreas no debería superar el 15%. Me asombré al descubrir que el índice de episiotomías (incisión quirúrgica en la vulva que se practica en ciertos partos) en nuestro país alcanza el 80%, cuando la misma organización internacional afirma que nunca se considera necesaria en más del ¡20% de los partos!

De repente entendí que la realidad en la que estaba viviendo poco tenía que ver con lo que había supuesto, conocido o aprendido hasta el momento en temas de medicina preventiva y promoción de la salud, el apoyo al vínculo emocional en la díada madre-bebé, a la psicología de género, al empoderamiento de la mujer como ser responsable de su salud bio-psico-emocional…

Esta evidencia y la práctica profesional con mujeres con experiencias de partos traumáticos y emocionalmente devastadas por sus vivencias en los paritorios me decían que había que seguir investigando…

¿Cómo fue posible que en tan solo pocas décadas en España las mujeres pasaran de parir en sus casas, en el mejor de los casos acompañadas por matronas o mujeres más experimentadas, a entregar enteramente y ciegamente su salud y la de sus bebés aún no nacidos a manos de médicos cirujanos dispuestos a realizar intervenciones más o menos necesarias en sus cuerpos –incluidos sus genitales- dormidos e insensibilizados con el fin de extraer de ellos a bebés cuando estos aún no habían pedido nacer?

¿Cómo pudo ser posible que las mujeres de la revolución femenina y feminista en la España moderna , que habían luchado con tanto valor para lograr una posición digna y respetada en el marco socio-laboral de un país en pleno florecimiento económico y se hubieses olvidado de su parte más íntima, sus vaginas, a la hora de parir y transformarse en mujeres-madres?

¿Cómo es posible que el avance en las ciencias de la salud femenina haya tenido como resultado semejante cambio de valores en la sociedad actual en relación al momento del alumbramiento con el consiguiente mal-trato en la atención a la parturienta?

¿Cuáles habían sido las razones para quitar la autoridad y la responsabilidad a la mujer con respeto a las decisiones relativas a sus partos, al buen trato a su aparato reproductor, su sexualidad, a su salud, en fin, a su persona?

Con el tiempo descubrí que éstas y muchas más, son las cuestiones que preocupaban a numerosas mujeres, madres y profesionales de la salud femenina en España (y en algunos otros perdidos rincones de este planeta). Centenares de usuarias y profesionales de los servicios sanitarios en España se unieron en los últimos años en una larga lucha por la humanización del parto y un parto respetado y menos intervenido.

Esta lucha dio sus frutos en 2007, culminando en el otoño pasado en la redacción de la Estrategia de Atención al Parto Normal, aprobada por el Ministerio de Sanidad y en cuya elaboración participaron las especialidades médicas competentes (ginecólogos y obstetras), las matronas y, por primera vez, las dos principales asociaciones de usuarias: la asociación El Parto es Nuestro y la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento.

El objetivo general de la Estrategia, que se llevará a cabo en las Maternidades del país a partir de este año que acaba de empezar, es la de potenciar la atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud, mejorando la calidad asistencial y manteniendo los niveles de seguridad actuales.
Se pretende que la atención al parto se realice bajo el concepto general de que el nacimiento es un proceso fisiológico en el que sólo se debe intervenir para corregir desviaciones de la normalidad, y que los profesionales sanitarios que participan atendiendo el parto deben favorecer un clima de confianza, seguridad e intimidad, respetando la privacidad, dignidad y confidencialidad de las mujeres.

Con el fin de conseguir estos propósitos será necesario promover el uso de prácticas clínicas basadas en el mejor conocimiento disponible. Para lograrlo será fundamental reorientar la formación del personal de la medicina y de la enfermería implicado en la atención al parto, para que sea posible incorporar los contenidos de esta estrategia en su práctica profesional cotidiana con el fin de mejorar la asistencia durante todo el período de la gestación, del parto y del posparto.

Asimismo, se fomentará la consideración del parto como un acontecimiento singular y único en la vida de la mujer y la familia y se apoyará la participación activa de las mujeres gestantes en la toma de decisiones informadas en la atención al parto, para que las mujeres se sientan protagonistas y responsables del parto.
La estrategia hace hincapié en proporcionar a las parturientas un cuidado individualizado basado en las necesidades de cada mujer, respetando sus decisiones, siempre que estas no comprometan la seguridad y el bienestar de la madre y del bebé.

La nueva Estrategia de Atención al Parto Normal nos acercará a los estándares de la atención al parto en los países europeos más avanzados en este ámbito de la sanidad y, a la vez, garantiza un trato de respeto hacia la madre y su bebé en el momento del parto, erradicando procedimientos obsoletos y restituyendo a la mujer tanto su derecho a ejercer su libertad en un ámbito extremadamente íntimo de su vida como su derecho a vivir la experiencia de dar a luz de forma consciente, responsable y gozosa, tanto en el caso de un parto fisiológico como en el caso de un parto necesariamente intervenido o de una cesárea debidamente justificada y, por lo tanto, necesaria.

Somos las mujeres, madres y profesionales de la salud femenina las que ahora debemos velar para que esta estrategia se lleve a cabo, devolviéndonos la responsabilidad sobre nuestros cuerpos, así como el derecho a un parto digno y respetado.

¿Qué es un Plan de Parto?

Es recomendable hablar de nuestros deseos relativos al momento del parto con los profesionales que nos acompañan durante el embarazo y que estarán presentes para acompañarnos en el momento del parto. Ellos nos informarán sobre las posibilidades y modalidades que nos ofrece el Centro Hospitalario en el que daremos a luz y nos orientará a la hora de entregar nuestro Plan de Parto, que podrá ser enviado previamente a nuestro ingreso al centro con copia al Servicio de Atención al usuario del hospital, al Servicio de Ginecología y Obstetricia y al Servicio de Neonatología.

El Plan de Parto es una manifestación de voluntad escrita redactada por la parturienta o por la pareja en espera ejerciendo su derecho a decidir libremente sobre las intervenciones médicas que se le propongan en el momento del parto.

Es por tanto una manifestación jurídicamente válida, basada en la Ley General de Sanidad y Ley Básica Reguladora de Derechos y Deberes en Materia de Información y Documentación Clínica que los asistentes al parto han de respetar, salvo en caso de fuerza mayor en la cual la salud de la parturienta y/o de su bebé esté seriamente en peligro.