Una de las épocas que recuerdo con más alegría y ternura de mi vida de estudiante de psicología en Berlín son los tres años durante los cuales tuve la suerte de trabajar en un KILA (Kinderladen, es decir una escoleta autogestionada) de orientación steineriana. Se trataba de una cooperativa de padres jóvenes, cargados de energía e ilusión, deseosos de participar activamente del proyecto educativo creado para y con sus niños en edad preescolar.

Calabazas

Calabazas (Photo credit: victormontes)

El otoño llegaba soplando y cada año muy puntual al KILA Marienkäfer, trayendo los colores cálidos de las hojas secas, las piñas, las bellotas y las castañas recogidas en el parque y, naturalmente, los tonos amarillos y naranjas de las calabazas de todas las formas, que poblaban alegremente los banquitos frente a los amplios ventanales y la gran mesa de trabajo donde, en un día como el de hoy, se celebraba el final de la época de la cosecha, coincidiendo con las antiguas tradiciones romanas, celtas o hebreas. También recordábamos que Gaia, la Madre Tierra, se retiraría para descansar unos meses, llevando un ritmo más lento y de poca actividad, en un clima más frío y de poca luz. 

A lo largo del mes de octubre los adultos preparábamos las linternas de calabaza de diferentes dimensiones. Las calabazas decoraban con luz y colores cálidos nuestras tardes oscuras (a partir de las 15 h baja la noche en los inviernos berlineses!). Los niños, quienes solían interesarse enormemente por cualquier actividad realizada por algún adulto sentado en un rinconcito de la sala en la que ellos jugaban libremente, terminaban por acercarse. Se les veía, como de costumbre, curiosos y deseosos de colaborar con este trabajo manual, repetitivo y que requiere cierta concentración. Los más mayores realizaban con paciencia sus propias linternas, esculpiendo y tallando con cuidado, hasta obtener los efectos más sorprendentes!

La noche del 31 de octubre nos reuníamos niños, educadoras y familias en el patio del KILA entorno a una gran fogata, acompañados por las linternas encendidas y una buena taza de sopa de calabaza y Sesamringe (Simit, pan turco redondo, decorado con semillas de sésamo), preparada tradicionalmente con la colaboración de padres y niños. En torno a la fogata nos contábamos historias, cantábamos, algunos leían poesías o leyendas de duendes y brujas sabias y divertidas, mezclando tradición(es) y fantasía. Mucha fantasía, con la que volábamos los adultos, junto a los niños, a lugares y tiempos lejanos…

«Mis niños» ya son jóvenes adultos. Algunos ahora son estudiantes (ahora soy yo quien «se pilla» con la dichosa frase «como pasa el tiempo»!), otros viajan por el mundo. Conservo de ellos las enseñanzas profundas, el alegre sonido de sus risas, sus miradas risueñas, su curiosidad innata, la espontaneidad de un abrazo o de un llanto y, en un día como hoy, una tradición que ya es parte de mi vida familiar y de mi hogar. El 31 de octubre en mi casa huele y sabe a sopa de calabaza!

Español: Crema de calabaza aunque también cont...

Crema de calabaza.