Los inicios de la Terapia Gestalt se hallan en la Alemania de los años ’20, desarrollándose sus bases en EEUU a lo largo de los años ’50 gracias a la intuición de los psicoanalistas alemanes Fritz Perls y Lore Posner (luego Laura Perls).

La terapia Gestalt se encuadra en el Movimiento de la Psicología Humanista, ofreciendo una síntesis única de modelos psicoterapéuticos corporales, experienciales y cognitivos, tanto a nivel individual como grupal y familiar.

La metodología se basa en facilitar que la persona viva y sienta el presente, la realidad, siendo consciente de lo que le pasa en cada momento. Promueve la responsabilidad de la persona, buscando una coherencia en sus sentimientos, pensamientos y acciones.

El terapeuta Gestalt confía en un ser humano en continuo proceso de transformación, apostando por su capacidad de autorregulación organísmica (encontrar el propio equilibrio a través de la liberación del instinto). Acompaña el/la cliente en la búsqueda de su autenticidad y coherencia interna desde una relación terapéutica basada en la confianza mutua, en el respeto de los tiempos y ritmos propios del proceso individual de cada persona.