A la consulta de psicología perinatal las madres o las parejas suelen acudir con su(s) bebé(s). No siempre es el caso, ya que no lo considero siempre indicado, ni terapéutico. Sin embargo hay consultas (siempre es así en la primera visita) en las que invito expresamente a que la madre y/o pareja acuda con su bebé, lo cual me permite observar la interacción madre/(padre)/bebé, conocerles mejor desde una dimensión sensorial que me resulta interesante y enriquecedora, si puesta al servicio del proceso terapéutico. 

Últimamente ha vuelto a ocurrir algo que deseo compartir y que me ha emocionado mucho cada vez que ha pasado: un bebé de pocos meses se ha quedado intensamente fascinado por…mi cojín de meditación. Éste se suele encontrar en el suelo, donde acostumbro trabajar cuando hay bebés en la sala. A lo largo de los años he observado bebés a quienes le interesan poco o mucho o solamente por pocos instantes los juguetes que les ofrezco. Algunos bebés se quedan «fijados» en el cojín, no retiran su mirada del mismo, intentan acercarse a él, lo tocan, lo buscan con la boca, la cara, las manos con expresa intencionalidad. Algunos tratan de llamar la atención de la madre con gemidos o movimientos para finalmente poder llegar a tocarlo!

Cojin Placent-ario

A lo largo de los años han sido varios los bebés que han demostrado una «simpatía» especial por este objeto redondo, con la base de tela de color rojo oscuro y de textura suave…como la placenta, «hermana» que ha acompañado y nutrido biológica y emocionalmente al bebé durante todo su desarrollo intrauterino. La placenta como primera compañera del bebé prenatal, a la cual el bebé estaba unido directamente por el cordón umbilical.

Es fascinante trabajar con la presencia de un bebé en la consulta, cruzar sus miradas intensas, observar sus gestos intuitivos, las distintas formas de estar… Con su presencia me demuestra una y otra vez su capacidad de regular las emociones maternas gracias a una sincronía perfecta, enriqueciendo las pausas y los silencios, regalándome cada vez pequeñas, grandes  lecciones.

Sobra decir que esta experiencia queda única e incomparable frente a una atención profesional no presencial (de paso aquí contesto a quienes numerosas me solicitan consultas online, que no atiendo), cobrando un significado de lo más interesante para el proceso terapéutico.

Observar estos pequeños-grandes milagros de la vida me resulta terriblemente fascinante y emocionante a la vez.