Cuando alguna piedra aparece en el camino de la fisiología, puede aparentar que “todo lo que hemos aprendido para conocernos a fondo y apostar por la salud ya no sirve“. Es el momento en el que yo -fiel a mi impertinencia- siento que es preciso buscar los recursos necesarios para re-establecer la salud (o el estado que más se acerque al bienestar para la persona). Primero creo conveniente buscar adentro, investigando los recursos endógenos que cada persona trae en su “maletín personal”. Y si no se logran ver a la primera, será que no estoy mirando bien o no lo estoy viendo todo; y habrá que buscar más a fondo. Solamente cuando habremos agotado el último de nuestros tesoros personales, me dispongo a buscar recursos externos, los así nombrados exógenos.

Vaya por delante que me siento muy orgullosa y agradecidas a todas las mujeres que me concedieron el privilegio de acompañarlas en un tramo de su camino hacia la maternidad, es decir mujeres valientes, que buscaron su sabiduría interna, la confianza en su salud, sus bebés y la vida. Pero hoy -con su permiso- quiero hablar de una gran mujer, una madre que ha marcado uno de los pequeños, grandes cambios en la atención al parto de nuestra Comunidad Autónoma. Grabada para siempre en la historia de mi vida tal vez sin aún saberlo, Francesca está gozando de su merecido puerperio, rebosante de oxitocina, la hormona del Amor por excelencia y, mientras ella recuerda el nacimiento de su primer hijo en su blog, yo me aventuro a dejar plasmada aquí mi admiración a su valor.

Hace unos meses Francesca  me regaló una gran lección, tal y como suele pasar en estos últimos seis años que llevo de aprendiz en nuestro Grupo de Acompañamiento al Embarazo, Parto y Nacimiento, un espacio diseñado con el objetivo primero de prevenir todo lo posible la manifestación de psicopatología materna en el posparto y -sobretodo- el de promover la salud perinatal de la madre, el bebé y la familia.

Mientras hablaba con desbordante fascinación de las ventajas que proporciona el respeto de la fisiología del sistema placenta-recién nacida/o para la futura salud psicoafectiva de la/del niña/o, me di cuenta de reojo como unas lágrimas estaban queriendo brotar por los ojos de la bella futura mamá sentada a mi izquierda. Sentí un momento de incertidumbre, acompañado por un dolor en mis entrañas. Me mordí la lengua, como temiendo que se notara mi incomodidad…

¿Debía seguir hablando acerca de las maravillas de la vida o terminar rápidamente para evitar a una futura madre “condenada a una cesárea” sentir dolor por aquello que le iba a ser negado por sistema? ¿Quien establece que a una mujer primípara con un bebé que se presenta de nalgas -en nuestros tiempos modernos- no conviene parir a su bebé? ¿Que hacer con la ausencia de profesionales del nacimiento experimentados y dispuestos a respetar la fisiología de un bebé que decide nacer como su madre nació hace más de 30 años, es decir, presentándose al mundo “al revés”? ¿Como justificar una cesárea por nalgas? Finalmente, tras haber tocado a todas las puertas posibles, hay que aceptar que esta cesárea será “por razones histórico-geográficas”.

Francesca, sentada a mi lado, eligió apartar la frustración y la rabia para seguir dando protagonismo a la alegría y a la creatividad que acompañaron todo su embarazo: mientras ofrecía a su bebé varias posibilidades para poder elegir girarse en posición cefálica, empezó a andar un camino inexplorado (en nuestra isla o ¿tal vez en todo el Estado?), buscando en vano profesionales que pudieran atenderla en un parto vaginal y finalmente aceptando la posibilidad de un nacimiento por cesárea, aún queriendo dejar a su bebé la posibilidad de cambiar de opinión a último momento.

Foto: Nadav Voloj (C)

Foto: Nadav Voloj (C)

Con todo el conocimiento y la información en la mano, Francesca optó por no aceptar la cesárea programada por protocolo en la semana 38 de gestación, aunque ésta viniera con el atractivo de poder estar acompañada por su pareja (por ser programada). En cambio, Francesca se presentó a una cita previa con los obstetras del Hospital Universitario de Son Espases con un plan de parto y uno de cesárea. Expuso las razones que la llevaron a madurar la decisión de desear que su bebé eligiera el momento más oportuno para nacer, comprometiéndose con l@s profesionales a ingresar al Hospital a trabajo de parto empezado para entrar a quirófano en el caso que el bebé se presentara finalmente de nalgas. Al expresar -entre otros- el deseo de que el padre estuviera presente en quirófano, se les negó esta posibilidad en un primer momento, considerando la operación “de urgencia”, al no tratarse de una cesárea programada. La futura madre razonó que -a menos de que no se demostrara lo contrario- la cesárea, a pesar de no ser programada, no sería por defecto urgente, debido a su compromiso y preparación anímica a un nacimiento por via abdominal. Así fue que l@s obstetras pudieron comprender su posición y argumentos y el Plan de cesarea por nalgas fue aceptado con serenidad y ponderación en cada punto (salvo el deseo de entrega de la placenta, a pesar del vacío legal alrededor de la misma, por misteriosos motivos ligados aparentemente al hecho de que el parto se llevaría a cabo en un quirófano).

Lucas vino al mundo de la misma manera que su mamá, de nalgas, decidiendo el momento, disfrutando de las hormonas del nacimiento, así como su mamá disfrutó de cada contracción durante unas horas, antes en casa y luego en el Hospital. Nadie le metió prisas para que entrara a quirófano y tampoco nadie se quejó de que cantara con cada contracción. El padre pudo estar presente en todo el proceso y en el nacimiento de su primer hijo. El bebé fue recibido por la voz y la mirada enamorada de su mamá, quien no fue atada de los brazos, siendo en todo momento protagonista de su parto. El bebé no fue separado en ningún momento del cuerpo de su madre, se produjo el agarre temprano al pecho en el mismo quirófano. La madre y el bebé permanecieron unidos todo el tiempo, gozando ambos de los beneficios producidos por el encuentro amoroso y el contacto permanente. En todo momento el nacimiento fue acompañado con respeto, profesionalidad , rigor y humanidad.

No he conocido nunca una mujer informada, responsable de sus decisiones y conocedora de la fisiología que haya elegido sin reparo un nacimiento por cesárea para sus hij@s. Aceptar una cesárea por motivos no médicos supone un gran esfuerzo cuando se conoce a fondo la salud implícita a la fisiología del nacimiento!

Sin embargo, este Nacimiento ha sido no solamente un acontecimiento muy especial para esta gran familia, sino también una celebración para todas las que tuvimos el privilegio de ser testigos del proceso de Francesca!

Gracias a su sabiduría y conexión con su bebé antes de nacer y gracias a profesionales atentos y respetuosos, Lucas ha llegado al mundo sumergido en su cocktail de hormonas de Amor y Felicidad, a pesar del momento histórico poco favorable a su descenso por el canal de parto de su madre…

Lucas y su mamá, de la mano de profesionales atentos y respetuosos,  han logrado que algo nuevo e inesperado pasara en nuestra isla! Deseamos fuertemente que el poder del Amor con-Ciencia abra puertas para que otras madres y bebés en estas mismas circunstancias puedan gozar -a partir de ahora- del máximo respeto hacia lo que más se acerca a la salud y que la realidad obstétrica actual puede ofrecer cuando se hace imprescindible nacer por cesárea (y se vive en una isla).

Una vez más las mujeres me enseñan que son ellas quienes hacen posible el cambio!

Enhorabuena a la mamá y al equipo del Hospital Universitario de Son Espases por el respeto al nacimiento y gracias a todas y todos los protagonistas de esta historia por esta nueva lección de vida y por hacerlo posible!